Historia del Arte

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No tuvieron un camino fácil los artistas que querían ser escultores con taller y nombre propios en el mundo de los encargos y de las exposiciones oficiales a los largo del siglo XIX. Pero aunque pocos fueron los que triunfaron y pasaron a la posteridad por la renovación o aportación estilística de su obra, sin embargo eran muchos más los que se dedicaron al oficio de escultor. Tuvieron que permanecer durante años en el taller de sus maestros, pues el aprendizaje era largo. Bastantes incluso prefirieron quedarse toda la vida a la sombra de un maestro famoso, como asalariados cualificados, labrando piezas secundarias y anónimas.

La nueva escultura española se hizo principalmente desde Roma y tendrá cuatro nombre principales representantes del Neoclasicismo español o, lo que es lo mismo, cuatro maestros que desarrollarán los preceptos de Canova y Thorvaldsen a través de la escuela de la Academia de San Fernando y de la Lonja en Barcelona.

El escultor danés Bertel Thorvalsen va a ejercer una influencia más prolongada en el tiempo que Canova y un magisterio ejemplar desde Roma, donde se convirtió en el escultor más admirado y el guía del gusto artístico , presidido por el ideal de la escultura clásica griega y romana, pero formulando ahora en reglas que se convertirían en preceptos académicos y con el consiguiente estilo conocido cono academicismo

Será pues este estilo el que caracterizará la mayor parte de la escultura europea a lo largo del siglo XIX. Encontrará sus más relevantes creación en la escultura expuesta en los Salones de París, y en encargos, como los retratos sobre todo, la escultura monumental, funeraria, o la de complementos ornamentales de la arquitectura. Tanto Thorvaldsen como sus discípulos y seguidores, entre ellos el español Ponzano, contribuirán decisivamente a la difusión de los ideales neoclásicos.

Lo numerosos encargos derivados de la ocupación napoleónica de los estados italianos, la presencia de la corte del emperador de Paris y en su residencia cercana de la Malmaison, y el que Roma continuara siendo el centro de formación por excelencia de todos los países europeos, convertirán a Paris y a Roma en las capitales de la escultura durante la primera mitad del siglo. Thorvaldsen seguía siendo el maestro por la presencia y el prestigio de su taller-museo, repleto de esculturas, pero la obra, romana o florentina, de Miguel Ángel va a desplazar el interés de la escultura de la Antigüedad hacia la del alto Renacimiento, más apasionada y movida.

Aunque tras la caída de Napoleón sucederá en Paris una paralización de los proyectos escultóricos, la restauración monárquica hará suyos todos aquellos proyectos que signifiquen la exaltación de su pasado esplendor, Se restituyen monumentos ecuestres reales, como el de Enrique IV, siguiendo un modelo barroco. Es decir, cambiaron los nombres a la nuevas estatuas, pero no los de los escultores que pasaron a trabajar para los nuevos monarcas, lo que, estilísticamente, significaba una vuelta a los modelos barrocos.

Roma seguirá siendo a lo largo de casi todo el siglo el centro de formación por excelencia para los jóvenes artistas europeos, becados los más destacados y por respectivas academias nacionales.