EL GRAN TIBURÓN BLANCO

EL GRAN TIBURÓN BLANCO

EL GRAN TIBURÓN BLANCO

Los tiburones blancos tienen un cuerpo fusiforme y gran robustez, en contraste con las formas aplastadas de otros tiburones. El morro es cónico, corto y grueso. La boca, muy grande y redondeada, tiene forma de arco o parábola. Permanece siempre entreabierta, dejando ver al menos una hilera de dientes de la quijada superior y una o dos de la inferior, mientras el agua penetra en ella y sale continuamente por las branquias.

Vive sobre zonas de plataforma continental, cerca de las costas, donde el agua es menos profunda. Zonas donde la abundancia de luz y corrientes marinas genera una mayor concentración de vida animal, lo que para esta especie equivale a una mayor cantidad de alimento. La longitud oscila de 4 a 7 metros (los machos menores que las hembras). No se puede asegurar cuál es realmente el tamaño “tope” o máximo en esta especie.

Se les consideran simples “máquinas de matar”, como sostiene la imagen popular (leyenda urbana) que se tiene de ellos. Para poder capturar los grandes mamíferos que constituye la base de la dieta de los adultos, los tiburones blancos practican una emboscada: se sitúan a varios metros bajo la presa, usando el color oscuro de su dorso como camuflaje con el fondo y volviéndose así invisibles a sus víctimas. La ballena orca constituye una amenaza para los tiburones blancos.

El 4 de octubre de 1997 en las aguas que bañan las islas Farallon ocurrió un ataque de una orca hembra de 6′ 50 contra un tiburón blanco, el tiburón murió. Aún así, un tiburón blanco adulto tampoco tendría muchas ventajas sobre la orca debido a obvias diferencias. Aunque cueste creerlo por la leyenda urbana tan intensa en contra, los ataques de tiburones contra seres humanos son bastante raros.

Dentro de éstos, los del tiburón blanco se pueden considerar anecdóticos si se comparan con los del tiburón tigre (Galeocerdo cuvier) o el tiburón toro (Carcharhinus leucas), el último de los cuales puede incluso remontar grandes ríos (Misisipi, Amazonas, Zambeze etc.) y atacar a las personas a varios kilómetros del mar. No obstante, las muertes causadas por estas tres especies en su conjunto son inferiores a las provocadas por serpientes marinas y cocodrilos cada año, e incluso menores que los fallecimientos ocasionados por animales tan aparentemente inofensivos como abejas, avispas e hipopótamos. Se considera que es más probable morir de un ataque al corazón en alta mar que por el ataque de un tiburón.